“No me miren así. Como comprenderán por veinticinco centavos a la hora que me pagan en el observatorio no llego a fin de mes. Necesito un trabajillo extra” Así presenta Henrietta a este extraño alter ego mordaz, sarcástico, amante de las bebidas espirituosas y con un consultorio “sentimental” en el Washingtong Post, donde explica conceptos astrofísicos con la misma destreza que sepulta las esperanzas de muchos enamorados. Su nombre: Erasmus Cefeido, un seudónimo al que no es necesario dar muchas vueltas si se conoce el principal campo de estudio de su protagonista y el nombre de su tío paterno con el convivió varias temporadas.

¿La recogida y tímida Henrietta Swan Leavitt escribiendo en el Washingtong Post bajo seudónimo masculino? ¿Por qué no? ¿Se han preguntado alguna vez quiénese eran realmente George Eliot, George Sand o Fernán Caballero? Muchas mujeres sorteaban los prejuicios de la época bajo un oportuno cambio de sexo en su firma.

Pero lo que es realmente extraordinario es la capacidad de Erasmus para llevar cualquier consulta sentimental al terreno que más le interesa: la ciencia del cosmos. ¿Se fiaría de un pretendiente que no cumple el efecto Doppler? ¿qué significa realmente “ser un sol”? ¿es una casera agria y metomentodo un ejemplo de vida extraterrestre? Con Erasmus Cefeido todo es posible, pero recuerden: No se fíen.